Un montón de cosas que jamás diría, un montón de cosas que es necesario decir!
domingo, 8 de agosto de 2010
unwritten
Era una de esas típicas noches muy largas que parecen nunca terminar, tome mi abrigo y salí a caminar por la ciudad, por extraño que parezca, no tenía miedo, por primera vez no tenía miedo, era una sensación agradable. Estaba pensando en esos recuerdos que por alguna extraña razón se niegan a salir de la mente, mientras encendía un cigarrillo que seguramente dejaría a medio fumar, como cualquier otro cigarro de media noche. Cuando me disponía a posar mi horrible trasero sobre esa banca olvidada del parque sentí una extraña sensación, sin pensarlo corrí hacía no sé donde diablos, solo corría. Cuando ya estaba lo suficientemente cansada como para continuar sobre exigiéndole a mis pulmones frene y me di cuenta que estaba justo en frente de ese lugar especial. Me senté bajo el árbol de siempre y encendí otro cigarro, para apaciguar el frío. Empecé a pensar en todas esas cosas que nunca te dije, era un poco tonto y tarde pensarlo ahora, ya habían pasado cerca de 6 meses y tu ya habías continuado tu vida hace bastante tiempo. Me abracé a mi misma para no sentir como el frío iba cortando mi piel y entonces comenzó a correr una tibia lágrima por mi mejilla, aún no podía entender que estaba pasando, después de tanto tiempo seguía con las ganas de decirte todo. Prendí otro cigarro mientras tomaba las hojas secas que estaban cerca de mí, rodaba en mi mano una tras otra como bailando y disfrutando cada vuelta que les hacía dar. Sentí unos pasos tras de mí, me asusté!, realmente me asusté. Miré rápidamente pero no había nadie, paranoia, seguramente había sido una hoja cayendo del árbol. Seguía sumida en mis pensamientos cuando volví a escuchar un crujido, no podía ser mi imaginación, esta vez me volteé al instante y entonces te vi, estabas ahí parada justo detrás de mi. Te mire un poco confundida y te sentaste sin decir nada. Nos quedamos así cerca de medía hora, sin mirarnos, sin hablar, solo estando. Saque de mi chaqueta el encendedor y me calenté las manos con el, me miraste extrañada, yo y mis ocurrencias, supongo que algo así pensaste. Cuando ya había acabado con el encendedor tomaste mis manos y las pusiste entre tus piernas, “nunca falla” me dijiste mientras sonreías con esa risa que ilumina todo el lugar. No dijimos nada ese día, luego de una media hora más me levanté y tu también, cada una tomó el camino a su respectiva casa. No necesitaba hablarte, te lo había dicho todo al mirarte cuando recién llegaste. Ha pasado tiempo desde entonces, no volví a saber de ti, a veces quisiera llamarte, pero tú no lo deseas así. Ahora estoy otra vez sentada en el mismo lugar, pero tu no estás aquí, necesitabas dejar el recuerdo atrás para continua, creo que por eso volviste a este lugar ese día, ahora yo regreso de vez en cuando para recordarte.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario