Un montón de cosas que jamás diría, un montón de cosas que es necesario decir!
miércoles, 22 de junio de 2011
jueves, 16 de junio de 2011
La princesa alegría.
Érase una vez, un pequeño y lejano reino donde vivía una niña, una bella princesa que crecía ajena al mal que dominaba al mundo. Se decía que era tan alegre, que todo aquel con quien la pequeña hablaba sentía de inmediato la más plena felicidad. Por ello, desde la más alta cumbre, hasta el lejano mar donde el sol cada noche apaga sus llamas, la niña era por todos conocida como la princesa Alegría.
En tierras lejanas, en el oscuro y pantanoso reino vecino, gobernaba un malvado y cruel anciano, que con firme puño sometía a todo aquel que negaba sus deseos.
-Traed ante mi a esa niña!- ordenó el rey tras conocer la existencia de alegría, pues el viejo anhelaba conocer el secreto de la felicidad.
El dolor y la muerte se extendían a lo largo del pequeño reino de Alegría, el ejercito del rey, arrasaba todo lo que se interponía en su camino. Nada se puedo hacer y aquellos soldados llegaron a las puertas de palacio y al ver su reino consumido por las llamas, la princesa, por primera vez en su corta vida, conoció el amargo sabor de las lágrimas.
Su llanto no ceso, ni siquiera en presencia del decrepito hombre, que había destruido todo lo que amaba. – ¿Por qué no soy feliz?- preguntó el rey a aquella niña desolada, pero Alegría solo podía llorar.
El rey, enfurecido la encerró hasta que diera la respuesta a su pregunta y año tras año el viejo preguntaba- ¿Por qué no soy feliz?-. Pero año tras año, la triste princesa Alegría, tan solo lloraba.
Pasarían diez años, diez preguntas y diez llantos, cuando una mujer llamada Alegría, encerrada en la más oscura y fría mazmorra, enfermó. El rey llamó a los mejores médicos y sanadores de su basto reino. Todos sin excepción, diagnosticaron lo mismo:
-¡Alegría se muere, majestad, se muere de pena!.
Contadas eran las ocasiones en las que alegría abría los ojos, pues en sueños revivía aquella dulce infancia que su memoria ya había olvidado, pero al abrirlos una última vez, observó frente a ella el que en tiempos fue su hogar. Su reino había sido reconstruido tan hermoso y mágico como antaño, el rey la había de vuelto a casa.
En ese instante Alegría aprendió que no todas las lagrimas son tristes y con su ultimo aliento, la joven princesa miró al rey y le susurro sus ultimas palabras-No eres feliz, porque nunca has sido desgraciado-.
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