Eran cerca de las 1 de la mañana cuando desperté asustadísima, la luz del alumbrado público entraba con fuerza por mi ventana, el perro de mi vecino no dejaba de ladrar, seguramente a la nada como lo hacía habitualmente. El sueño se había esfumado de mis ojos en cuanto los abrí, así que decidí ir a dar una vuelta. El pantalón sobre el pijama, una chaqueta, y listo, rápidamente introduje los cigarros en mi bolsillo, un poco de dinero, no se con que motivo si a esa hora no encontraría ningún lugar dispuesto a recibirme para comprar cualquier porquería. Abrí mi ventana y salte hacia el patio, luego la pandereta y por fin, me sentí un poco más liberada.
El frío congelaba un tanto mis sentidos, podía escuchar las risas y la música de una fiesta a lo lejos, siendo viernes, era habitual oír este ruido retumbando hasta altas horas de la noche. Como siempre, yo había decidido quedarme en casa, pensando en las porquerías que debía soportar cada día y hundirme así en mi aburrida rutina, siempre me preocupe de hacer que la soledad se hastiara de mi y de mi palabrería, era para mi, la única en quien podía confiar, quien sabía todos y cada uno de los aburridos detalles que formaban juntos mi tediosa vida.
Me dispuse a caminar y encendiendo un cigarrillo di mi primer paso hacia ningún lugar, para fortuna mía, las calles estaban vacías, solo a ratos se dejaba ver algún chico o chica riendo, saltando, fumando o bebiendo, seguramente camino a algún lugar de encuentro con sus amigos. Cuando llevaba cerca de una hora caminando sin rumbo, decidí descansar un rato en una plaza, me recosté a lo largo de la banca y encendiendo otro cigarrillo me dispuse a tratar de olvidar por un rato, todo lo sucedido ese día en casa, pero como venía sospechando desde que salí por mi ventana, no lo lograría muy fácilmente y es que es imposible sacarse de la cabeza los gritos y llantos de mi madre, cuando mi padre le confesaba su infidelidad y le informaba que se iría de casa con su amante, porque no podía seguir junto a una mujer tan aprensiva.
Una lágrima empezó a correr por mi rostro y un sollozo bastante silencioso se ahogaba en cada aspiración que le daba al cigarrillo. De repente escucho una voz femenina que con un toque de timidez me pedía ser compañía, asustada me levante rápidamente y pude notar que en la banca ubicada frente a mí una chica me miraba fijo con sus ojos azul intenso, no sé en que momento llego hasta ahí, seguramente no note su llegada por estar sumida en mis pensamientos. Atontada un tanto por el frío, las lagrimas y el silencio incomodo de ese momento, solo me limité a pronunciar un vago sí, recostándome nuevamente sobre la banca y encendiendo otro cigarrillo.
-Me das uno?- escuché nuevamente la voz de la chica, que cabizbaja me miraba de reojo.
Sin pronunciar palabra estiré mi mano sosteniendo un cigarro y el encendedor.
-No hablas mucho, eh?- dijo entre riendo y seria, tomando al mismo tiempo lo que le estaba ofreciendo.
- Creo que no- conteste sin pensarlo y cortantemente, que estúpida me estaba comportando, no podía ni entablar una conversación con una persona cualquiera.
- Si quieres te dejo sola, para que pienses- dijo y se levanto rápidamente.
-No!- grité- es que es un tanto extraño para mí que alguien se interese en conversarme, quédate por favor- pero que bien, ahora parecía desesperada por compañía- si quieres- agregué.
-Esta bien, por cierto soy Catalina, pero dime Cat- dijo riendo.
- Como Gato?- pregunte entupidamente y me sonroje por lo torpe.
-Si, como gato- rió la chica.
- Yo soy Pascuala, pero dime Pascuala- reímos al unísono- mis padres estaban en la etapa de buscar nombres extraños para sus bebes.
- me gusta, es original- dijo riendo.
Por un momento la vi detenidamente, llevaba un abrigo azul que hacía resaltar más sus ojos, su pelo era negro y su piel era casi blanca, se veía preocupada por algo, pero aun así no dejaba de sonreír, un leve brillo iluminaba sus ojos y su rostro. No entendía porque se había detenido justo en esa plaza a hablarme a mi.
-Y que te trae a esta plaza, tan tarde por la noche?- me preguntó Cat esperando interesada una respuesta.
- Familia y porquerías como esas- le dije rápidamente- y a ti que te trae?
- Familia y porquerías como esas – respondió riendo.
-Crees que la felicidad existe?- no sé por qué pregunte esa estupidez, pero necesitaba escuchar alguna opinión.
- Creo que la felicidad son trozos de momentos felices que juntos te hacen sentir extraño, como esos cosquilleos en el estomago, mariposas, que se yo- dijo seria.
- Si, puede ser, pero aún así creo que se esta escapando de mi- dije mientras encendía otro cigarro.
-porque dices eso? La felicidad no escapa, tu la rehúyes- dijo Cat, mirándome seriamente.
- Puede ser, quizá le tengo miedo- al decir esto me di cuenta de lo tonta que había sido toda mi vida, escondiéndome de todo, alejando a todos.
- Hace frío, no crees?- rió mientras se frotaba las manos.
- vamos- le dije mientras le extendía un cigarro y me ponía de pie.
- A donde?- se puso de pie y me recibió el cigarrillo.
- A un lugar mas tibio- comencé a caminar.
- Misterio? Me gusta eso- de un salto estaba a mi lado caminando.
Recorrimos algunas calles cerca de media hora, no hablábamos nada en el camino pero note que me miraba fijamente. Cuando llegamos al lugar me preguntó – es tu casa? – miraba fijamente el arlequín que colgaba a un lado de la puerta.
-Si- dije sin mirar- pero no entraremos por aquí-dicho esto me dirigí a un costado y empecé a escalar la pandereta.
-Mmm, no puedes entrar a tu casa como la gente normal?- dijo ella riendo.
- No tengo las llaves, además no quiero despertar a mi madre- dije mientras pasaba al otro lado de la pared- dame tu mano para que te ayude a subir- le dije tomándola del brazo. Al tocar su su mano, pude notar que estaban congeladas, ella simplemente me tomo suavemente y ayudada de su otras extremidades cruzo la pared y se quedo frente a mi sonriendo.
-Y ahora como entramos?- me dijo mirando las ventanas y la puerta del garage.
-Por mi ventana- le dije mientras la abría, y me pasaba al interior de mi habitación. Ella siguiendo mis pasos entro y se recostó sobre la cama.
- Podemos quedarnos así por un rato?- me dijo mientras miraba al techo.
- Esta bien, hoy no tengo ganas de nada- cerré mis ojos y me acomodé, pude sentir sus manos acariciándome la cabeza, lentamente empecé a caer dormida de nuevo, mientras sentía esa sensación tan agradable de sentirse protegida, la misma sensación que había dejado de sentir hace muchos años.
Al despertar, mire instintivamente a mi lado, para ver como estaba Cat, pero me encontré con la gran sorpresa de que ella no estaba, fui al baño para ver si se había levantado, recorrí toda mi casa pero ella no estaba, le pregunte a mi mamá si había visto a la chica que se había quedado encasa, pero dijo que no había nadie cuando ella se despertó.
Me vestí rápidamente y corrí a la plaza, pero tampoco estaba en ese lugar, los días siguientes seguí recorriendo las calles y yendo a la plaza, pero nunca mas la ví. Una semana más tarde mamá me pidió que ordenará las fotos que tenía en una caja, había un montón de fotos viejas, mientras las ordenaba iba recordando a Cat, para mi gran sorpresa en una de las fotos antiguas pude ver a una chica igual a Cat, me asusté corrí a preguntarle a mi madre quien era esa mujer en la foto, me dijo que era mi abuela, yo nunca la llegue a conocer, ya que mi madre la había dejado de ver cuando yo tenía solo dos años, y al año siguiente mi abuela falleció, mamá nunca hablaba de ella, pero ese día me contó su historia.
Mi abuela tenía 20 años en esa foto, contaba mi madre que se había escapado de casa cuando tenía solo 16 años, su padre maltrataba a su madre y ella no lo podía soportar. Entonces comprendí que la que estuvo conmigo ese día había sido mi abuela, que viendo lo que estaba pasando decidió apoyarme. Nunca tendré la certeza de que lo que sucedió fue real, pero yo prefiero creer que sí.